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martes, 22 de septiembre de 2020

¡Qué burros!!!

Cada día nuestro país es sometido a un nuevo escándalo, que, así como llega se va en menos de veinticuatro horas. Lo vertiginoso en que lo han convertido, nos lleva como un carrusel donde en cada vuelta, una nueva imagen se pone frente a nuestra realidad, indignándonos hasta no más, pero tapando esa indignación con una nueva. 

Los hechos que han permitido descubrir que un proveedor de alimentos del PAE entregaba carne de BURRO a cambio de carne de res y que adicionalmente le agregaba químicos para tratar de ocultar su naturaleza, no es más que la muestra de un país que tocó fondo hace años, una sociedad que se permite transitar durante décadas con la corrupción enquistada como no más en todos los escenarios de la vida de los colombianos y una clase dirigente no solo ambiciosa sino criminal, que no escatima ningún esfuerzo por hacerse con los recursos públicos, así tenga que contaminar a nuestros niños y como lo vamos a ver, conminarlos a la marginalidad total. 

Debemos recordar entonces, que el carácter misional del PAE es: EVITAR LA DESERCIÓN ESCOLAR de niños y niñas y no realmente un programa nutricional. Ese primer elemento nos permite entonces dar la importancia que este programa tiene en la vida presente y especialmente en la consolidación del futuro del país.

Y dentro de lo normado en la resolución 29452 de 2017 se establece que se debe mantener el equilibrio económico del negocio para que no se disminuya la calidad y la cantidad de las raciones.

Pero no sucede así y este escándalo equino demuestra que el equilibrio económico del PAE del 2018-2019 no se mantuvo ya que cursa un proceso penal por corrupción, donde varios funcionarios de la administración de entonces están involucrados.

Las lógicas de la corrupción han hecho de este programa un escándalo permanente. Donde bajaban los gramajes, disminuían la calidad de los alimentos, los sobres costeaban o en su defecto como parece ser en este del 2020, a punta de maniobras contables han deducido dos veces el descuento del 3% de la retención en la fuente al contratista. 

No es aceptable que ni el comité de alimentación escolar, conformado por los padres de familia, el personero estudiantil, el rector del colegio, y el operador no hubieran detectado tal irregularidad, cuando hay testimonios de niños que se enfermaban drásticamente por el consumo de esta carne.

No es aceptable que hoy el interventor se victimice como lo ha hecho la UIS para eludir su responsabilidad. No es aceptable que esto pase frente a quienes tienen un contacto directo con la operación del programa y durante un año la mezquindad y la ambición de un proveedor, apurado tal vez por la lógica de la corrupción que le “entregó” este jugoso negocio subdividido por los reales dueños del contrato, se haya salido con la suya. 

Las consecuencias de esto no es solo que en su momento los niños se hubiesen mal nutrido y hasta hayan puesto su salud en riesgo. No, la característica del programa se ve profundamente afectada porque lo que realmente pretende es evitar que en el país “la deserción escolar que se instituye como un factor de riesgo asociado a la aparición de conductas criminales en los jóvenes” como dicen en un estudio María Eugenia Bonilla y Sol Lucero Jaimes a propósito de este tema. Y continúan diciendo: el excesivo tiempo libre del que disponen los desertores es un alto factor de riesgo para su vinculación a las bandas juveniles. 

Y está demostrado en otros países y en el sentido común, que cuando los niños y niñas cumplen su ciclo académico en las básicas secundaria y primaria tienen muchas más opciones de romper con la marginalidad.

En EE UU por ejemplo, lo señalan las investigadoras, el programa Quantum Opportunities, disminuyó en un 71% en cuatro años los arrestos de jóvenes relacionados con delitos comunes. O en los Países Bajos donde el programa HALT contribuyó con la misma dinámica en un 63%

Nuestras cifras son lapidarias. El consumo de alcohol y de drogas según encuesta realizada por el Observatorio de Drogas de Colombia para analizar el contexto de Santander demuestra una inclinación del 87.7% de menores de 19 años al consumo del alcohol; 38.5% al cigarrillo; 6.1% a la marihuana; 1.7% a la cocaína; y 0.5% al Bazuco. Datos tomados hasta el año 2013, lo cual quiere decir que a la fecha las cifras están disparadas si tenemos en cuenta el cambio de estrategia del narcotráfico, de afianzar el consumo interno en la estrategia desplegada del microtráfico.

Otro estudio realizado por Mauricio Rojas Betancur y Raquel Méndez Villamizar, también investigadores de la UIS, determina que los embarazos adolescentes se dan entre los 14 y 19 años y que en Bucaramanga superamos la media nacional con un 76.6 por mil. De 1.200 jóvenes en gestación en cinco colegios se destaca una deserción escolar y 66.7% no logran terminar sus estudios de secundaria; un 26.7% constituyó una familia y la gran mayoría terminan viviendo con sus padres, dependiendo económicamente de ellos; y en el caso de las jóvenes madres, engrosando los niveles de informalidad. El 80% de los casos presentados corresponden a personas o núcleos familiares con muy bajos ingresos.

Entre el 2008 y 2014 ingresaron al sistema de responsabilidad penal para adolescentes SRPA cerca de 8.502 jóvenes y de ellos, el 60% es decir, 5.101 jóvenes de Bucaramanga. Los delitos son recurrentes: hurto, tráfico de estupefacientes, lesiones comunes. Según la MEBUC, continúa anotando el estudio de Bonilla y Jaimes, los parches o pandillas pasaron de 8 a 51 entre 2012 y 2014 y termina anotando que en 2010 el 69% de las muertes violentas se dan en jóvenes entre los 15 y 34 años. 

El diagnóstico no puede ser más apocalíptico. A hoy esas cifras están por las nubes, los consumos de droga se llevan hoy buena parte de nuestros muchachos y los empuja a la ilegalidad, las condiciones sociales sumadas a la crisis económica sostenida que trae el país desde hace tres años nos mantiene en vilo no solo al salir a la calle sino por el temor de que en cada núcleo familiar el fenómeno del pandillismo, la drogadicción, el embrazo prematuro entre otros tantos males, se inoculen y lleven a nuestros hijos, los de nuestros familiares, los de nuestros amigos y conocidos y en general a nuestra sociedad  sacrificar el presente que será en pocos años nuestro futuro, en las peores condiciones como sociedad. 

¿Entienden HPS, (honorables Personajes de Santander) porque cada vez que se roban un peso del PAE, porqué cuando se desengancha un muchacho del colegio lo que están es condenando a una sociedad a su fracaso? 

¡Definitivamente somos una sociedad de BURROS!!!

EMIRO ARIAS BUENO

Economista

Mg ciencia política.


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