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jueves, 18 de febrero de 2021

EL GOLPE SUAVE

La primera discusión que tuve en mi primera clase de maestría con el Doctor Manuel Alcántara, director de asuntos políticos de la Universidad de Salamanca para Latinoamérica, se trató sobre el carácter de lo que la ciencia política determina como un golpe de Estado.

Discutimos allí profundamente sobre lo acaecido en Paraguay con la destitución express del presidente Lugo en el año 2012, en un juicio político en el Congreso de ese país, donde la mayoría de senadores votaron en favor de la destitución.

Lugo que había ganado la Presidencia después de 61 años ininterrumpidos de gobiernos del tradicional Partido Colorado, algo así como el PRI en México, el APRA en el Perú y Conservadores y Liberales en nuestro país, fue destituido de sus funciones de presidente, permitiendo así que las fuerzas tradicionales retomaran el poder en el Paraguay.

Los golpes de Estado tienen la característica principal sustentada en el quiebre constitucional con una intervención directa de las Fuerzas Militares.

Pero también hay teóricos modernos que han desarrollado otras tácticas para tratar de “minimizar” los impactos, sobre todo en la comunidad internacional y para ello camuflan las intervenciones directas con acciones diversas como lo ha teorizado y propuesto el politólogo estadounidense Eugene Sharp, quien promueve el uso de la no violencia para “democratizar el mundo” cuando algún presidente o régimen político reprime el inconformismo de sus ciudadanos.

Lo ha llamado El golpe suave, una secuencia de siete momentos que inician con protestas de calle, hasta llegar a la fractura de las Fuerzas Armadas y la destitución a través de juicios políticos de los gobernantes.

Esta teoría ya ha sido llevada a la práctica en lo que se conoció como “La primavera árabe” donde varios países del medio oriente, sobre todo, productores de petróleo, cambiaron sus regímenes que, por cierto, no eran muy cercanos a los intereses de los EE. UU. 

En nuestro continente las experiencias en Venezuela donde no se logró la fractura de los militares, fracasó. En Bolivia sí, pero la fuerza de los ciudadanos y el rechazo de la comunidad internacional obligó a los usurpadores a convocar nuevas elecciones solo un año después del asalto a la presidencia, ganando contundentemente el partido del destituido Evo Morales.

No hago esta reseña para dar una clase de ciencia política y descifrar el intríngulis del manejo moderno, que se le da por parte de las oligarquías regionales a los quiebres constitucionales, cada vez que sienten amenazado su poder que por décadas han ostentado.

Lo hago porque vuelve a hacer carrera en nuestro país, el atrabiliario argumento de reformar las reglas de juego de la democracia para atornillar en el poder a una desgastada clase política y sobre todo a un sector político que lleva 20 años manejando a su antojo el gobierno nacional, con las consecuencias que las estadísticas muestran en todos los frentes de la institucionalidad y en los rankings internacionales como el de la corrupción y las desigualdades, donde somos primeros y séptimos respectivamente.

Actores políticos de diferentes tendencias vimos con estupor e indignación, como dos tristemente célebres personajes del país asomaban una propuesta a todas luces anti democrática, oportunista y desobligante con nuestra democracia y con todo un país.

El partido de gobierno, utilizando dos organizaciones representativas de los intereses de los municipios y los departamentos, la Federación de Municipios y la Federación de Departamentos, propone nada menos ni nada más que alargar el periodo del Presidente actual por dos años más con el argumento trillado de unificar los periodos de los mandatarios nacionales con los regionales y con la excusa de evitar contagios que pudieran desarrollarse en el proceso electoral.

He estudiado juicioso los acontecimientos que han suscitado los “golpes suaves” que han tenido éxito en el mundo y lo que acá se propone definitivamente no les da para desbaratar siquiera una piñata. O nos creen muy tontos o sus angustias personales son muy grandes, para servir de clavijas y llevar a cabo una nueva fractura constitucional, reformando otra vez un “articulito”    

¿Quiénes son estos “eruditos” constitucionalistas?

Gilberto Toro quien lleva más de 20 años al frente de la Federación de municipios y que de una manera u otra ha servido de evasor de la Ley 80 dado que el carácter de su organización, por estar conformada por los municipios del país le permite desarrollar todo tipo de convenios que de manera directa direccionan sin ningún proceso licitatorio, contratos que el señor Toro termina tercerizando con los contratistas que a bien considere él. 

Por supuesto, el interés de este señor no es otro que evitar que un nuevo gobierno llegue, que unos nuevos alcaldes de sectores políticos diferentes se consoliden luego del proceso de presidencia y congreso del 2022 y pueda perder sus privilegios que hábilmente ha sabido sortear al frente de esta federación y sostenido por esa institucionalidad que hoy lo pone, en contraprestación a hacer el papel del judas de la democracia.

Y el segundo es nada menos ni nada más que el ex gobernador de Santander Didier Tavera quien terminó su periodo de gobierno envuelto en escándalos de corrupción, entre ellos el más sonado porque se robaron los recursos del PAE durante los cuatro años de su mandato.

Proceso que lo llevo a él a detención domiciliaria y a los demás responsables a acogerse al principio de oportunidad luego de confesar y devolver recursos tomados de manera ilícita de este programa de alimentación escolar. Proceso aún vigente. Con todo y este antecedente fue elegido presidente de la federación de departamentos y ratificado por decreto presidencial.

Estas dos eminencias son las que hoy pretenden proponerle a la Cámara de Representantes el alargue del periodo presidencial, para como ya lo hizo un ilustre expresidente, se legisle en nombre propio.

Pero, además, lo que hay de fondo es un irrespeto por nuestra democracia, nuestra constitución y sus gentes. Disfrazar un asalto a la democracia para seguir sosteniendo el falso título de ser la democracia más antigua del continente y garantizar por demás, como en el boxeo, un segundo aire a ver si Duque a punta de populismo con las vacunas logra levantar su derruida imagen.

Todos alerta, nuestra maltrecha democracia de nuevo en peligro.

EMIRO ARIAS BUENO

Economista

Mg Ciencia Política.


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