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viernes, 12 de febrero de 2021

La educación virtual es todo, menos educación.


El pasado mes de marzo del año 2020 se conocieron los primeros casos de coronavirus en el país, como consecuencia de ello, los gobiernos locales, departamentales y nacional, tuvieron que tomar medidas para prevenir el aumento de contagios para así salvar vidas y evitar un colapso en el sistema de salud.


A todos nos ha afectado un poco la pandemia, con excepción del sector bancario y otros pillos. El desempleo aumentó, la pobreza y extrema pobreza siguió creciendo, los asesinatos a líderes y lideresas sociales no pararon, el desplazamiento forzoso a causa de grupos criminales siguió haciendo de las suyas, los casos de corrupción que nunca faltan, la pequeña y mediana empresa quebró, los vendedores ambulantes y gente que vive del día a día no recibieron tan siquiera una ayuda para entrar en aislamiento y, no sin dejar atrás, colegios y universidades cerraron sus aulas para comenzar a dictar clases a sus estudiantes de manera virtual.

La cantidad de personas que desertaron de sus estudios el año pasado superó la cifra de los 100.000 estudiantes(datos del Ministerio de Educación), siendo una cifra verdaderamente alarmante, el sistema educativo colombiano es tan precario en todo sentido, incluyendo en su cobertura, lo que hace que perder este número de estudiantes sin duda generará efectos a largo plazo que pueden ser alarmantes.


Otro factor por mencionar, es que las clases virtuales no tienen ni la mitad de calidad que tienen las clases presenciales. La pedagogía de los profesores tuvo que dar un giro de 180 grados, gran número de educadores, sobre todo de edad avanzada, tanto de colegios como de universidades, no sabían cómo desarrollar diapositivas, como enviar documentos, y, también deben tener motivos personales que les afecten para no realizar el normal desarrollo de sus clases, son seres humanos como usted y yo. Además, el estudiante promedio se distrae con cualquier cosa que hay en su casa, o le toca hacer aseo, o le toca cocinar, o hay personas hablando muy fuerte, el vecino que pone el vallenato a todo volumen,etc. Y, sin dejar atrás, los casos de violencia intrafamiliar que han aumentado considerablemente durante la pandemia.


Desde la comodidad de nuestros hogares, desde nuestras acomodadas visiones urbanas y color rosa de la sociedad, muchas veces se nos hace imposible tener empatía y ponernos en los zapatos del otro. Ponernos en los zapatos de aquel estudiante que se encuentra en el campo y no tiene cobertura, que le toca arriesgar su vida subiéndose a un árbol para tener señal y conectarse a sus respectivas clases, de aquella persona que le tocó salirse de estudiar porque en su casa no se contaba con los aparatos tecnológicos suficientes para las personas de su hogar, de aquel que le tocó desertar para salir a buscar trabajo y ganarse la papita para él y para su familia, de aquella que le tocó cuidar a sus hermanos y no tenía tiempo para hacer sus actividades escolares.


Creo que uno de los factores determinantes es la salud mental y desmotivación que se vive por estas situaciones. Los casos de personas buscando ayuda psicológica y psiquiátrica, así como se mencionó con la violencia intrafamiliar, han aumentado en gran medida. Y es que la ansiedad de todos los trabajos que toca entregar en una semana, el estrés de no entender lo que los profesores explican, la tristeza de no poder charlar, reír, abrazar a un amigo no es cualquier cosa, la desesperación de pensar que mientras usted se encuentra en clase, sus papás están tratando de buscar ingresos para pagar las deudas y la alimentación, no es sencillo para ninguno, y no, no es cuestión de adaptarse, es cuestión de brindar unas garantías óptimas para poder recibir sus clases, pero en 11 meses, casi un año de pandemia, no se brindaron ni siquiera unas garantías mínimas para continuar las clases virtuales.


Por eso, se hace necesario retomar las aulas, con los estrictos protocolos de bioseguridad, gradualmente, que aquellas universidades, colegios, incluyendo los colegios que se encuentran en pueblos y veredas, donde el estudiante tiene que caminar dos horas para recibir su clase, donde no se pudo recibir una clase virtual porque no tenía los medios, se comiencen a reabrir para así contribuir con la educación de las futuras generaciones que serán las que llevarán el destino del país y de la humanidad, como decía Paulo Freire: “la educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Carlos Antonio Franco León.
Estudiante de derecho.
Activista Social y Político Juvenil.

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