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martes, 11 de mayo de 2021

Si el paro para, que el cambio siga.


El día 28 de abril del presente año se vivió en el país una explosión de dignidad en todos los rincones del territorio nacional, explosión que se mantiene hasta el día de hoy. 


A pesar de estar pasando por el tercer pico de la pandemia a causa del Covid-19, con una cepa mucho más peligrosa y mortífera que las anteriores, los colombianos y colombianas en una muestra de lo que es diversidad, nos dimos cita en las principales calles de las ciudades y municipios del país para protestar por diversas razones, entre ellas la ya tumbada reforma tributaria presentada por el gobierno de Ivan Duque. También por estos días en el congreso de la república se quiere tramitar una reforma a la salud, donde ven al usuario no como un paciente sino como un cliente, así como se pretende eliminar la autonomía del Instituto Nacional de Cancerología que atiende a todos los que llegan allí sin distinguir de poder económico y que este pase a manos del Ministerio de Salud. Asimismo, se pagará más por los servicios médicos y no soluciona el problema de la tercerización laboral en el talento humano de salud. Pero estos no fueron los únicos motivos, inclusive, no los más importantes.


La pandemia hizo que pequeños y medianos empresarios quebraran, lo que contribuyó a que el desempleo estuviese en sus máximos niveles al tiempo que la violencia y el hambre se agudizaron, gran parte de la población nacional no puede comer tres veces al día y las oportunidades en materia de empleo y educación que eran muy pocas en el país, se disminuyeran aún más, ¿acaso se necesitan más motivos para salir a protestar? Todo esto en contraste con los Banqueros, que fueron los únicos en el país que tuvieron ganancias escandalosas en medio de semejante crisis. 


En las dos semanas que llevamos de protestas, van más de 30 asesinatos por parte de la fuerza pública, que se supone que nos debería cuidar en vez de asesinar. Al momento se registran cerca de 500 desapariciones y alrededor de 800 heridos. Aunque estas cifras parezcan de dictadura y exageradas, no lo son, pueden ser verificadas en los informes dados por la Defensoría del Pueblo, Human Rights Watch, ONU, Temblores ONG, INDEPAZ.


Se consiguió educación gratuita para los estratos 1, 2 y 3 por el segundo semestre de 2021, pero tiene que ser permanente, exigir más cobertura. También se tumbó la reforma tributaria, pero el hambre sigue. La desigualdad social cada vez es más grande. Es increíble que en un país que tiene tan ricas tierras para el cultivo de alimentos su gente tenga que buscar en la basura para encontrar sobras para poder comer. Es inconcebible que con tantas constructoras de vivienda a nivel nacional exista gente que tiene que dormir en las calles. Inadmisible que en un país con miles de cosas por hacer no haya empleo, y más inaudito que un país que tiene todo para ser potencia mundial invierta más dinero en guerra que en educación. El paro no es un capricho de miles de personas que buscan protagonismo, al contrario, el paro es una necesidad para aquellos que históricamente han sido segregados. Es exigirle al gobierno vías en condiciones óptimas para que los campesinos puedan sacar sus productos y venderlos sin necesidad de intermediarios. Es pedir una renta básica para aquellas familias que se encuentran pasando hambre, es mencionar la paz como una de las prioridades del país, y es pedir justicia social, lo que se traduce en pedir unas condiciones de vida dignas.


No quiero creer que al finalizar el paro no habrá cambiado nada, me aterra pensar que tantas noches de ira, frustración, rabia, tristeza, incertidumbre y desolación, solo sirvieron para que el gobierno de ineptos se fortaleciera. No me imagino que después de todas las historias de lucha y de resistencia que conocimos y que vivimos en estos días, no sirvieron para nada. Por eso, la invitación a no bajar la guardia, a rodearnos entre todos, hasta que el gobierno nos escuche, pero nos escuche de verdad, a los manifestantes, no a los influencers que toman vocería de una causa que no es de ellos. Un diálogo social no puede ser encerrado en una oficina institucional, tiene que ser en las calles con todas las personas y no con unos cuantos representantes, por eso, el paro para cuando el gobierno cumpla lo que el pueblo pide.


Especial mención a los jóvenes, realmente me siento orgulloso de pertenecer a esta generación tan berraca y llena de ganas de luchar, de realizar un cambio trascendental. 


Carlos Antonio Franco León.
Estudiante de derecho.
Activista Social y Político Juvenil.

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